Ponerme a escribir sobre Friday Night Lights nunca me ha resultado fácil. Recomendar Friday Night Lights sale solo, pero me cuesta encontrar argumentos sólidos... Friday Night Lights es de esas series que no se ven sino que se viven y se sienten. Y si Friday Night Lights no te toca el corazón, tendrás que abandonarla.Mi primera experiencia con la serie, cuando vi el piloto, no fue positiva. No me entró por los ojos y la dejé a un lado. Un año más tarde, me apeteció, y me pareció estar viendo un piloto totalmente diferente. Creo que esto es la prueba más clara de que Friday Night Lights y tu estado de ánimo van a ir de la mano, desde que te animas a verla hasta que le dices adiós... probablemente, con lágrimas en los ojos.
Aunque yo hubiese preferido que cerrasen la serie al final de la cuarta temporada, no negaré que el episodio final me ha emocionado como sólo Friday Night Lights es capaz de hacer. No suelo llorar viendo la tele, pero esta serie ha sido una terapia maravillosa de desahogo lagrimal. ¿Sabéis cuando te pegas el gran llanto y además lo haces por algo que ni te va ni te viene?
¡No recordaba haber vertido tantas lágrimas desde el final de The West Wing! ¡Qué manera de llorar! Qué emocionante es esta serie... Ha sabido tocarme la fibra a todos los niveles, incluso enseñándome partidos de un deporte que ni entiendo ni conozco y del cual no he visto un partido real en mi vida. ¡Valiente tontería! ¡Pero... qué a gusto te quedas después!
Mis quejas en cuanto a la quinta temporada no son demasiado originales: echaba de menos a los chicos de siempre, a los que aparecieron en la primera temporada y nos acompañaron tiempo después. No he sabido apreciar a los nuevos chavales, no me han llegado al corazón, no soportaba a Cafferty ni me gustaba Vincent, y aunque Jess y Becky sí que se ganaron mis simpatías, nunca pudieron estar a la altura de Tyra, o incluso de Lyla Garrity... Claro ejemplo del “otro vendrá que bueno te hará”.
La historia de la joven inadaptada a la que Tami Taylor quiere ayudar, la que vive en una casa de acogida... ¿veis?... ni me acuerdo del nombre... podría haber dado mucho más de sí, como también podría haber dado mucho más de sí la relación romántica de Julie con su profesor. ¿Será que no soy la única que no le veía futuro a nada que no fuese rescatar a las “viejas glorias”?
Las comparaciones son odiosas y lo que es peor: no tengo argumentos, me estoy dejando llevar sólo por los sentimientos y las simpatías personales. Pero, ¿cabía esperar otra cosa de una serie como FNL? Los argumentos sobran cuando estás ante algo que te toca la fibra de esta manera.
Y mis fibras se alegraron lo indecible cuando, poco a poco, “mis chicos” fueron regresando a Dillon. Quizá la escena más sorprendente fue cuando, al abrirse aquella puerta, no vemos al noviete-profesor de Julie, sino al mismísimo Matt Saracen.
Julie, Saracen, Tim Riggins, Tyra... incluso esa fantástica conversación entre Landry y Saracen en la season finale... ¡Cuántas emociones nos tenían reservadas! ¡Y pasear a Tim Riggins con un bebé en brazos no ayuda a guardar las formas, señores, no ayuda!...Aunque, en mi opinión, nada comparable a la emoción que me provoca el matrimonio Taylor. Y por eso, me los he dejado para el final.
Son el incuestionable motor de la serie. El eje central, los verdaderos protagonistas... Sólo tengo elogios para esta pareja que están por encima del vaivén de nuevos y antiguos personajes. Mientras tengamos a los Taylor, tendremos Friday Night Lights. No recuerdo haber visto una pareja con tanta química en una serie de televisión. Me parece el matrimonio mejor conseguido y el más creíble.
Y si tengo que quedarme con una escena, con un momento de esta quinta temporada, me quedo con la frase: “¿Me llevarás a Philadelphia?” de Eric, frente a Santa Claus en ese centro comercial. Es recordarlo y emocionarme. Aunque no es el único momento, por supuesto...
Nos regalaron a Buddy Garrity retirando el cartel donde leemos el slogan por excelencia del vestuario de los Panthers, nos regalaron a los hermanos Riggins brindando con ese “Texas Forever”... y por último, el Coach Taylor nos dejó con las ganas de oirle terminar su “Clear Eyes Full Hearts Can’t Lose” contagiándonos con su cotizada sonrisa, en mi caso, mezclada con un torrente desbocado de lágrimas.
En fin, se acabó Friday Night Lights. La archivaremos, pasaremos página, esperaremos una edición de esas guapas en DVD para tenerla para siempre en nuestra estantería... Y nos sentiremos afortunados, por lo menos yo así me siento, de habernos podido emocionar tanto con la historia de estos personajes que tan lejos nos quedan, cuyas costumbres, creencias y maneras de vivir tan poco tienen que ver con las nuestras, pero que tan cercanos hemos sentido.
CLEAR EYES, FULL HEARTS, CAN'T LOSE!








