viernes, 16 de septiembre de 2011

Angelology , El Libro de las Generaciones

Angelology nos sitúa en un convento en el norte de Nueva York, donde vive Evangeline. No sabemos mucho de ella, sólo que es la bibliotecaria y que tiene 23 años. A partir de la visita de un investigador, Verlaine, que trabaja para los Grigori, una poderosa familia de la parte alta de Manhattan, Evangeline descubrirá una inquietante y rocambolesca trama que la relaciona directamente con la Angelología, una disciplina que durante años se ha dedicado a estudiar y a combatir a una clase de ángeles crueles y malvados: los nefilim.

La novela está dividida en varias partes o esferas, aunque en realidad la división más notable es la que separa la historia en dos épocas: las Navidades de 1999 en Nueva York (el presente) y el París de 1939, justo cuando los nazis entran en la ciudad francesa. A pesar de esta clara distinción, la narración es caótica, ya que cuando volvemos al futuro, no dejan de sucederse las menciones al pasado, a hechos que ya habíamos conocido o bien que habíamos imaginado con facilidad.

Este es el mayor error de Angelology: gracias a las vueltas que se le da a lo mismo y a la insistencia con la que se cuentan según qué cosas, la que debería ser la gran intriga de la novela, desaparece, se hace tan evidente, que nos despedimos de todo posible misterio, de toda posible emoción.

Desde el principio, es fácil averiguar que es la familia de Evangeline la que lleva el peso de la historia, en concreto, su abuela Gabrielle, presente tanto en la parte de 1999 como en la de 1939, igual que Celestine, otra monja de la congregación, encargada de narrar en primera persona los hechos del pasado, a través de sus recuerdos.

A pesar de estas conexiones entre los personajes, que podrían dar mucho juego, las relaciones entre estos no están bien desarrolladas, y pecan de frialdad, eso por no hablar de la dificultad que tiene el lector para identificarse con cualquiera de ellos, debido a la falta de personalidad y de matices que los hagan destacar.

Además de la narración caótica, del exceso de detalles sin importancia, de la destrucción del misterio y de unos personajes vacíos, otra de las características principales de la novela es la inverosimilitud. De acuerdo que es una obra de fantasía, pero es de esperar que haya un mínimo de lógica, y más cuando aparecen en ella personas reales. Unas personas reales que, en el caso de Angelology, aceptan con total naturalidad y facilidad la existencia de criaturas sobrenaturales con enormes alas que lanzan bolas de fuego ante sus ojos, sin preguntarse siquiera si eso que están viendo no es fruto de su imaginación.

Conclusión: Angelology ha sido una decepción. Otro claro ejemplo de que no hay que juzgar un libro por sus tapas, y en este caso concreto, por lo que se nos promete en la sinopsis.

4 comentarios:

lobloc.net dijo...

Pues yo hasta pasé de pedirme la promoción en Bloguzz porque con la sinopsis ya pensé que sería una ida de olla.

Siento que hayas perdido el tiempo.

¡Saludos!
Ivan.

Vanessa dijo...

Tampoco me lo tomo como una pérdida de tiempo. En realidad, no tengo problemas para abandonar un libro si se me está haciendo insoportable. No ha sido el caso, porque estaba pendiente a ver a dónde nos llevaba la historia. Me daba cuenta de que el desenlace iba a ser pobre, pero al mismo tiempo, tenía curiosidad.

La suerte es que este no me lo compré! Jaja...

cami dijo...

Hola

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Un beso! y SueRte con su site!

opinionesimpopulares dijo...

No he visto entrada que se acerque más a mi opinión sobre lo que he leído de Angelology. Y mira que le puse empeño... pero ha sido precisamente ese exceso de detalles sin importancia el que me hizo desistir. Me aburría como una ostra, me perdía en la trama y terminaba con 200 cosas en la cabeza y ninguna estaba relacionada con la historia (vamos que abría el libro y me acordaba de todas las lavadoras que tenía que poner ese día).

Quería darle una segunda oportunidad pero, visto lo visto, pasamos página y nos vamos a por otro.

Me encanta que comentes libros en tu blog, por cierto ;D