Ni libros, ni series ni Rock and Roll. Este es un post sobre mi día a día. Lamentablemente, sobre algo que veo demasiado a menudo en mi día a día. Si queréis perder la fe en la raza humana, tengo la receta infalible: ser viajero habitual del transporte público. Creo que cualquiera puede servir, pero en mi caso se trata de Renfe Rodalies.
Hoy, como muchas otras veces, he visto desde una distancia prudencial, la injusticia, y la falta de educación y de civismo de la gente. Y hay que generalizar: somos todos unos egoistas, unos maleducados, trozos de carne con ojos sin humanidad que nos merecemos todo lo malo que nos pase. Ni español, ni catalán, ni emigrante, ni hombre, ni mujer... nada de esto vale, en esto del individualismo elevado a la máxima potencia todos jugamos en la misma liga. Ande yo caliente, ríase la gente.
Esta mañana, he podido observar cómo una embarazada en un estado muy avanzado (no soy experta, pero diría que estaba en sus últimas semanas) ha tenido que hacer casi todo su trayecto de pie en el vagón. A su alrededor, siete personajes susceptibles de cederle el asiento, a saber:
Una mujer de mediana edad, gafas de sol, música en los oídos; dos chicas jóvenes, una iba durmiendo, la otra casi pero no; dos hombres de mediana edad, uno con el e-reader y el otro con el periódico, y finalmente, dos de esas nuevas hippies que tanto abundan, por lo menos en Catalunya... sí, de esas del flequillito a media frente, con pantalones anchos de colorines y todo el look 'voy de guays pero apesto'. Ya sabéis a lo que me refiero.
Pues me voy a centrar en estas dos últimas individuas, que iban hablando de un lado al otro del pasillo, así que sin duda veían a la chica, ya que estaba prácticamente en el medio de su conversación, y porque, qué coño, ¡eran mujeres! Sí, creo que si una mujer ve a otra mujer en apuros, resoplando, sudando, cambiando el peso de un pie a otro, apoyándose como puede donde puede y cargando un bombo enorme, tiene que sentir como algo se le remueve por dentro y saltar como si tuviera en el culo un resorte, aunque sea por eso tan egoísta de... por si me veo yo un día en la misma situación.
Pero no. Aquí la única que se sentía mal, aparentemente, era yo, que lo observaba a unos metros y que ha llegado un momento en el que digo, 'voy y les digo algo'. Pero al repasar mentalmente lo que iba a decir y a quién, se me ha hecho un nudo en la garganta y se me han saltado las lágrimas, de pura rabia que sentía. Soy una idiota y una cobarde. Por no querer dar el espectáculo, me he quedado donde estaba, sintiéndome miserable y egoísta, avergonzada por mí y por todos los que han demostrado no tener ni una pizca de educación ni de vergüenza.
Aunque he podido tener un buen gesto con ella casi al final del trayecto, esto no ha sido suficiente, porque ella ha tenido que ir de pie durante unos 25 minutos de viaje y yo no puedo evitar sentirme culpable por no haber intervenido. Algunos se estarán preguntando: ¿Ha pedido ella que alguien la dejase sentar? Pues no, pero, ¿tenía que pedirlo?






