No han llegado las rebajas ni estamos de cierre. Simplemente, estamos descartando. Por un lado, acabé por fin con Prison Break, viendo directamente el episodio final y saltándome los tres anteriores, y viendo a marcha rápida el Final Break.

Después le llegó la hora a Kings. Por lo que parece, comparto opinión con los que no la ven en Estados Unidos y han hecho que su audiencia sea pésima, llevando a que TVbythenumbers llame a la noche de su emisión La Noche de los muertos vivientes. A mí el capítulo 6, que me había reservado para verlo a su regreso, cuando me enteré del parón, me pareció tan aburrido que no pude verlo entero. Así que una menos.
Al principio me pareció una propuesta muy interesante que cogí con ganas. Pero invariablemente, debido al ritmo lento y seguramente debido también al cansancio que arrastro cada día, me dormía frente a la tele cuando tocaba ver un episodio. Con la promesa de estar asistiendo a algo grande, me obligaba a ver lo que me había perdido al día siguiente.
Tras la noticia de la cancelación disfrazada de parón temporal (porque sabemos que la serie está sentenciada) mis ganas de intentarlo fueron disminuyendo. ¿Para qué esforzarse en ver una serie cuando de lo que se trata es de disfrutar sin más?
Y es que se necesita priorizar, porque hace falta mucho tiempo libre, del que normalmente no se dispone, para ver series. Y si encima estás inmerso en un maratón enfermizo, como me ocurre a mí con The Shield, entonces no puedes andarte con compasiones. Si no entretiene, al cubo. Ha llegado la época de la tiranía seriéfila.

Después le llegó la hora a Kings. Por lo que parece, comparto opinión con los que no la ven en Estados Unidos y han hecho que su audiencia sea pésima, llevando a que TVbythenumbers llame a la noche de su emisión La Noche de los muertos vivientes. A mí el capítulo 6, que me había reservado para verlo a su regreso, cuando me enteré del parón, me pareció tan aburrido que no pude verlo entero. Así que una menos.
Al principio me pareció una propuesta muy interesante que cogí con ganas. Pero invariablemente, debido al ritmo lento y seguramente debido también al cansancio que arrastro cada día, me dormía frente a la tele cuando tocaba ver un episodio. Con la promesa de estar asistiendo a algo grande, me obligaba a ver lo que me había perdido al día siguiente.
Tras la noticia de la cancelación disfrazada de parón temporal (porque sabemos que la serie está sentenciada) mis ganas de intentarlo fueron disminuyendo. ¿Para qué esforzarse en ver una serie cuando de lo que se trata es de disfrutar sin más?
Y es que se necesita priorizar, porque hace falta mucho tiempo libre, del que normalmente no se dispone, para ver series. Y si encima estás inmerso en un maratón enfermizo, como me ocurre a mí con The Shield, entonces no puedes andarte con compasiones. Si no entretiene, al cubo. Ha llegado la época de la tiranía seriéfila.








